viernes, 13 de agosto de 2010

Dos Orillas... dos destinos.. ¿un final feliz?


Esta historia la escribi en mi libro, y esta dedicada a los que vivimos en las represas como las que nombro aqui!!!



Hacía años que no estaba en este Garzón querido, caminando, disfrutando de la naturaleza. Es aquí , en este lugar que escribo esta historia.

Marzo del año 1974, primer día de clases, guardapolvos a cuadros de color azul los niños y rosa las niñas, bolsitas de tela del mismo color.
Varios chicos van en esa lancha cruzando el río Uruguay, en la orilla de Argentina está el colegio al que concurrirán por primera vez. Marisa, Diego, Alfredo, Álvaro, Gabriela, David y otros chicos más, que van acompañados de sus madres.
Son las trece y treinta de un lunes, suena la campana para que entren a la salita de jardín de infantes, están en Concordia Entre Ríos, la otra orilla, dirían los herma-nos uruguayos.
Es el año 1974, se está construyendo la represa hidroeléctrica Salto Grande sobre el río Uruguay.
Cuando entra a la salita por primera vez Alfredo, Fredo lo llamaban sus padres que son uruguayos, queda hipnotizado al ver una pequeña de cabellos rubios, con dos chuflines y una sonrisa hermosa, Valeria.
Ella nació en Mendoza, su padre fue tras-ladado a Salto para trabajar en la represa que se construía allí.
Hace años, con la construcción de obras como éstas, la gente era nómade porque se trasladaba con sus familias al terminar las mismas hacia otros destinos. Con el correr de los días, estos chicos que compartían diariamente la lancha que los cruzaba a la otra orilla, fueron sembrando una amistad.
Alfredo, durante el año en jardín de infantes hizo lo imposible para llamar la atención de Valeria, quien lo ignoraba… pastillitas corazoncito, sobres sorpresas, margaritas arrancadas en el jardín de alguna casa a la pasada… eran sus regalitos hacia ella.
Ellos fueron compañeritos hasta cuarto grado en salto Uruguay, donde por razones laborales al papá de él, como al de los demás amigos, los trasladaron de ciudad.
Era el mes de junio del año 1978 cuando Alfredo dice: a papá lo mandan a trabajar a la Patagonia, luego cuando terminen las clases nos vamos todos para allá, a vivir.
Diego, Marisa y David también contaron lo mismo, diciendo que quinto grado lo harían allá todos juntos, por lo que ya no se iba a sentir tan solo en otro lugar, en otro mundo… Villa Alicurá, era el destino final, lugar donde estaban construyendo la central hidroeléctrica del mismo nombre.
Cuando salió de la escuela, en la lancha de regreso a Salto se lo contó a Valeria con ojos llenos de lágrimas, quien también le dijo que ella se iba a la Patagonia, pero a Planicie Banderita, lugar que quedaba en la provincia de Neuquén… la abrazó y le dio un beso en la mejilla.
Todavía tenían un tiempo más antes de despedirse en este querido Salto Uruguay…quedaban 6 meses para que terminaran las clases y dejaran de verse.
Una tarde en el SUM de Salto, Alfredo le juró su amor eterno a Valeria, quien le confesó que con el correr del tiempo, logró que él le gustara un poco, pero que todavía eran muy niños. A él no le importó, sólo con lo que ella le dijo lo terminó de enamorar. Corrió a su casa, llamo a su madre y le dijo… mamá, mamá!!! Me dijo que le gustaba… me dijo eso Valeria, mamá!!!. Como toda madre acompañó con una sonrisa la alegría de su hijo.

En esos años se remarcaba un poco las clases sociales, por ejemplo Valeria era hija de un jefe de obra, por lo que los padres muchas veces elegían las amistades; eran más reservados y cerrados en esa época, como toda sociedad de los años 70.
Alfredo era hijo de un obrero, por lo tanto era amigo de todos, era gente sin prejuicios, porque eso era lo que aprendía en su casa.

En estas obras habían, uruguayos, argentinos, bolivianos, paraguayos, chile-nos, que vivían en el mismo sector de la obra, también había italianos, quienes como encargados de dirigir este tipo de hidroeléctricas, tenían su comunidad aparte, sea escuela, club, círculos de amigos.

Esos meses pasaron volando y en el año 1979 Alfredo se encontraba cursando quinto grado en Villa Alicurá, un lugar que es un paraíso, por el paisaje, con unos inviernos fríos y duros… él siempre con su grupo de amigos, más los que conoció en esta villa.
Un día de primavera, se puso a hacer una casita de ladrillos detrás del SUM con Diego, Oscar y Rolo al terminarla se les dio por hacer una chimenea y prender fuego, esa vez casi incendian el gimnasio, los bomberos acudieron a apagarlo, en el camino la autobomba chocó un automóvil; el revuelo que se armó quedo en anécdota siendo el día de hoy después de 25 años, tema de conversación cada vez que se encuentran los que vivieron en Alicurá.

Una tarde, cuando estaban armando el acto de fin de año, ya cursaban séptimo grado, entra al colegio una niña rubia, que cautivó su mirada, era ella!!! Casi tres años más tarde, desde la última vez que la vio en Salto Grande.
Entró y saludó a Marisa, Silvana, Andrea, Astrid, David, Diego a quienes conocía desde Concordia y Salto.
Al ver a Alfredo, lo saludó con un beso, el corazoncito de él latía a full, ella cuenta que vivirían en Alicurá, que en ese tiempo se acordaba cada tanto de ellos, pero sus padres no le daban información sobre los chicos de la infancia en que crecieron.
Durante los dos primeros años de secundaria, experimentaron los primeros bailes con amigos, las caminatas, los primeros cigarrillos a escondidas, pensando quizás qué sería de ellos en el futuro.

Alicurá se iba terminando, la gente se iba volviendo a sus lugares de orígenes, otros se trasladaron a la siguiente represa, como Alfredo, Valeria, Diego.
Ya adolescentes, viviendo en otra obra, llamada Piedra del Águila, con 17 años ambos, empiezan a ser noviecitos, a tener las primeras caricias, besos, roces… a jugar el amor a las escondidas del padre de ella, porque no lo aceptaban a él como novio de su hija, (lograban que se quisieran mas Fredo y Vale).
Él fue el primero que ella sintió en su cuerpo… empezó a ser mujer, dejando atrás esa niñez. En estas obras se queman etapas antes de tiempo, por la falta de información o contacto con el mundo de las grandes ciudades.

Corría el año 1988, Valeria empezaría la universidad, se iría a estudiar bioquímica a Bahía Blanca, Alfredo empezaría a trabajar en la obra, pero por poco tiempo, ya que se irían terminando estos trabajos.
Mantuvieron contacto un par de meses más, un día el apareció en Bahía y se encontró con otra mujer… Valeria estaba creciendo al ritmo de la ciudad, era una mujer con sueños y creía en ese momento que Alfredo se había quedado en el tiempo.
Con el corazón destrozado, se marchó a Uruguay, se quedó en Salto un tiempo trabajando en lo que había aprendido en las represas.
El cada tanto llamaba a la casa de Valeria, pero trataban de desanimarlos, no era el candidato perfecto para su hija, según ellos.
Ella, de alguna manera también fue aceptando lo que querían sus padres, por eso lo ignoró mientras estudió en la universidad.
Un día decidió marcharse a Monte-video, gracias a los contactos de amigos que crecieron con él en Concordia, le dieron una mano para trabajar para trabajar en un comercio.


Veranos en Punta del este, en Garzón, siempre tratando de disfrutar de la vida, estaba Alfredo. Era mujeriego, atorrante, seductor nato, al punto que las mujeres caían en sus brazos fácilmente, era un típico ganador y versero como todo adolescente que creció en los ochenta, donde lo que contaba era la labia, el chamuyo.
En el año 1995, con 26 años este uruguayo simpático se casa, forma una familia y se va afianzando económicamente.
Valeria, recibida de bioquímica, se enamora también y se casa con un colega, con quien se vuelve a su Mendoza natal.
Tiene dos hermosos hijos, trabaja en lo que le gusta, pero en el año 2001, con la crisis que estalla en Argentina, entra en crisis su matrimonio.
Se toma un tiempo para recomponer sus cosas, se refugia en la crianza de sus hijos, en recuperar su autoestima como mujer, vuelve a pintar y afrontar la nueva etapa con sus pequeños, sola.

Como decía, en las obras en donde crecieron y tuvieron su infancia estas personas como Alfredo, Marisa, dieguito, Valeria, David, se cultivó la cultura del trabajo y la familia, sólo que ésta nos pasó de muy chicos, donde nos conocíamos todos y no había maldad.
Muchos deben tener el día de hoy el recuerdo de su primer beso, con alguna compañerita de esa época. Del viaje de séptimo grado, de las caminatas con el profesor a orillas del río Uruguay, aprendiendo de biología, fotosíntesis, etc.
Muchos amores quedaron pendientes, muchos se casaron con sus novios de adolescencia, muchos emigraron y jamás se supo mas nada de ellos.
Estamos en el año 2010. En la era de la Internet, en eso de que nos vuelve las nostalgias a los que tenemos cuarenta o casi cuarenta años.
Los que vivimos en Salto grande Uruguay, Concordia, Entre Ríos, Planicie Banderita. El Chocón, Alicurá, Piedra del Águila, Casa de Piedra y Yacyretá, tenemos permanentemente esa imagen del primer viaje en lancha, el jardín, la escuela primaria, la rubiecita de chuflines, el morocho de anteojos gruesos, la hija del bombero, el dieguito jugando al fútbol o prendiendo fuego, de Alfredo llevándole flores a Valeria, de besándola en el SUM, de tenerla agarradita de la mano todo el tiempo en el viaje de egresados, de las tardes de mate en las orillas de río, de cuántas cosas que ya no se hacen.

Hoy, en este querido Garzón, digo que las ilusiones que se llevan con el corazón se van cumpliendo.
Hace un tiempo en esas comunidades que hay en Internet, Alfredo se inscribe y buscando gente lee un nombre, le envía una invitación para estar conectados.
Antes de fin de año del 2009, hay un grupo de ex alumnos egresados del secundario de Casa de Piedra, promoción 1987 que se juntan en Mendoza; allí va Alfredo.
Está más grande, más maduro, con un poco menos de pelos, pero con esa sonrisa que siempre lo caracterizó. Hizo el viaje en colectivo desde Salto a esa provincia cuyana, quería juntarse con esos amigos que hacía más de 20 años que no veía.
Ella, con casi 39 años, estaba más hermosa que nunca, muy sensual, muy mujer dócil que no había perdido esa luz en su rostro después de tantos años.
- Hola… como estás, ¿qué es de tu vida? ¿Te casaste? Preguntó él.
- Acá estoy, en Mendoza, divorciada desde hace unos años, con dos hijos, ¿vos?
Divorciado también, desde hace 5 años, con dos hijos también. Tengo un negocio de ropa deportiva ¿vos…?
- Soy bioquímica, tengo un laboratorio, en fin… pasó mucho tiempo. Alfredo, creo que te debo una dis-culpa, por mi trato la última vez que te vi.
- No, no hace falta vale, me sirvió ya que crecí como persona y me di cuenta que la obra y la vida en la misma no era para siempre. Ahora vivo en mi querido Uruguay, donde nací, crecí y algún día moriré allí también, ya que lo amo.
Pasaron todo ese fin de semana hablando, caminando juntos entre las viñas de esa quinta donde fue el encuentro, había mucha gente que terminó el secundario en los 80.
En fin…, esta historia va terminando, seguramente tendrá un final feliz, empeza-rán a reencontrarse, quererse como hombre y mujer; por eso, como dije antes, en este querido lugar llamando Garzón, en Uruguay, estamos festejando el compromiso de estos dos amigos, que se conocieron allá por el año 1974 en Salto y hoy después de muchos años, están juntos apostando al futuro.

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